Poco utilizada en los cultivos, su origen es incierto aunque varios expertos aseguran que su implantación data desde épocas del imperio romano.
Distintas crónicas y relatos señalan que el emperador Marco Aurelio Probus (hacia el año 280 de nuestra era) introdujo plantas de esta variedad en la zona de Condrieu (cerca de Lyon, Francia). Los datos apuntan a la región de Dalmacia (actual Croacia) como el terruño original de la cepa que fuera devastada anteriormente por Vespasiano, quien habría destruido los viñedos de la zona como una medida política, pues consideró que sus habitantes se habían rebelado debido al excesivo consumo de vino.
A partir de aquella primera implantación, la variedad se extendió a la vecina Chateau Grillet, con lo cual devino en una cepa típica del Valle del Ródano.
Nuestros amigos de El Gran Catador señalan que es una uva difícil de cultivar, pues es un poco más propensa a las enfermedades que las otras. Si bien esto puede afectar su rendimiento, esto se compensa por su capacidad de soportar mejor las sequías siendo además una de las variedades de más temprana cosecha.
Al tener una evolución más rápida, su precoz floración es más susceptible a las heladas primaverales; sus hojas son medianas y los frutos diminutos, agrupados de modo compacto y de color amarillo intenso.
De enorme potencial para la elaboración de vinos finos, las características de la uva dan como resultado bebidas con sabores muy neutros y con elevado contenido de alcohol y azúcares, destacándose su dorada trasparencia a la vista.
Por tratarse de una uva considerada exótica, sumado a la dificultad de su cultivo, los vinos obtenidos de este varietal suelen venderse a precios razonablemente elevados.
El vino se bebe generalmente en sus primeros años de vida para apreciar todo el esplendor de la uva, que tiene tonos a frutas mucho más fuertes que el Chardonnay, cepa con la que suele compararse.
Blancos de estructura fuerte y largo final en boca, muy perfumados con aromas a mango, manzana, durazno, damasco y vainilla, pueden presentar también notas florales como magnolia y madreselva. Estas fragancias florales y frutales también son frecuentemente aprovechadas para aclarar el Syrah.
Poco conocida por el momento, la estructura y complejidad aromática de esta cepa hace que gane cada vez más adeptos, quienes podrán acompañar estos elegantes blancos con platos tan picantes y sazonados como los tailandeses, o bien disfrutarlos con carnes y pescados a la parrilla.
Limitada por siglos a su región típica en Francia, muchos pensaron que este tipo de vid desaparecería con el avance de otras más productivas. Sin embargo, la cepa logró mantenerse en aquel terroir y comenzó una lenta expansión que la ha llevado a territorios tan distantes como California (donde parece haber encontrado condiciones óptimas de aclimatación), Australia, Nueva Zelanda y Brasil. En nuestro país ya existen algunos cientos de hectáreas implantadas y se espera que conquiste nuevos espacios en los próximos años.
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