La India es un país en el cual el consumo del vino no es muy difundido, pero para los emprendedores natos, nada es imposible.
Tal es el caso de Rajeey Samant, un indio que estudió ingeniería industrial en la universidad californiana de Stanford, regresó a su ciudad natal y en un terreno de 12 hectáreas de la familia, experimentó con todo cuanto pudo, desde mangos hasta tomates.
Fue entonces cuando descubrió que el clima en su terreno de Nasik (Estado de Maharashtra, al oeste de India) era en invierno tan bueno como el de las regiones vitivinícolas de España, California o Australia. Consiguió financiación y plantó las variedades Sauvignon Blanc, Francesa, Chenin Blanc y Californiana, y tres años después, en el 2000, vendía sus primeros vinos.
Entre 2007 y 2008 ha vendido más de dos millones de botellas de una decena de variedades, incluyendo tintos y espumantes, y sus viñedos ahora ocupan 730 hectáreas.
Y lo más importante, ha colocado a su país en el escenario mundial del vino.
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