Desde hace casi 35 años Juan Carlos Matas y su familia atienden un comercio que es paso obligado de los buenos aficionados rosarinos. (por Luis Caramanti)
¿Cómo se hace para distinguir al simple hombre? Muy sencillo: el famoso se vale de todos los medios a su alcance para mantener una notoriedad buscada y solventada por él mismo. La leyenda, en cambio, logra su naturaleza a través de una comunicación boca en boca que lo trasciende, creada y difundida por otros a partir del interés que despierta en los demás. Y este último, precisamente, es el caso que nos ocupa.
En las frecuentes charlas entre gente de las bodegas, vendedores, viajantes o consumidores, al referirse a Rosario aparece, recurrente, la casi mítica figura del inefable Juan Carlos Matas, también conocido como El Rey de Copas. Lejos de ser un vinero como tantos otros, Matas recoge lo mejor de su particular personalidad y lo pone al servicio de su trabajo.
Incansable, apasionado y verborrágico, pasea a los visitantes o clientes de su negocio por las surtidísimas estanterías agregando anécdotas de la ciudad, las bodegas, los vinos, y también de Rosario Central, el equipo de sus amores. Una memoria privilegiada le permite evocar las fechas de lanzamiento de las marcas, los nombres, las historias y los lugares, transformando una aparentemente rutinaria compra de vino en una maratónica recopilación de datos y testimonios sobre la vitivinicultura argentina.
Pero Matas no solo habla, sino que también hace. La variedad de productos que ofrece sorprende a sus colegas de todo el país, incluso de .la mismísima Buenos Aires, que recorren asombrados el extenso catálogo de vinos, espumosos, destilados, chocolates, conservas y muchas otras delicias que van apareciendo a cada paso en su local.
Esta vinoteca nació en Enero de 1965 y hoy, a casi 35 años de su fundación, ha validado plenamente su título de Rey de Copas, que Juan Carlos Matas junto a su esposa Aurora y sus hijos mantienen como una tradición basada en el servicio personal y especializado, tan propio de las cada vez menos empresas familiares de la Argentina. Por eso, si va a Rosario, no deje de pasar por la calle Rioja 1629. Para los amantes del buen vino, algo tan obligado como visitar el monumento a la bandera"
|