- ¿Qué opinión le merece la situación actual de la vitivinicultura nacional?
Veo con mucho agrado que la Argentina esté superando su calidad día a día, ya que este es un país del cual me siento parte. Después de más de 8 años de trabajo con su tierra y con su gente, estoy más convencido que nunca de su potencial para hacer vinos de calidad y personalidad propia. Pero dependerá, por supuesto, de cada productor alcanzar estas metas.
- ¿Cómo la ve en 10 años más?
Por todo lo que se ve es muy posible que mejore aún más la calidad. Sin duda la mayor meta de la argentina como gran productor mundial de vinos, es exportar todos los años un poco más. Sin embargo, debe tenerse muy en cuenta que este país se ha visto ampliamente favorecido no solo por los cambios en la calidad de sus vinos, sino también por la coyuntura económica particular con una moneda favorable, y además por la debilidad de Europa para comercializar externamente sus productos debido a un euro demasiado fuerte. El mercado global esta siendo "inundado" por gran cantidad de productores de todo tipo de calidades y cada vez a mejores precios. Esto requerirá, por parte de los productores argentinos, de un compromiso cada vez mayor con la calidad y la consistencia de sus vinos en cada uno de los rangos de precio.
- ¿Cuál es su opinión de la tendencia de los "vinos del nuevo mundo", con mayor color y concentración que los vinos del viejo mundo?
Yo me autodeclaro un fanático casi religioso del terroir, por lo tanto, respeto a muerte en cada vino que hago que es lo que me quiere decir cada porción de tierra, cada viña, cada medio ambiente. Intento establecer algún tipo de dialogo con el entorno que rodea a cada viñedo, que me permita respetar lo que la naturaleza quiere expresar. Viejo mundo o nuevo mundo me parecen palabras demasiado generales para abarcar todo lo que un vino tiene que decirnos en particular. Respondiendo a tu pregunta, dentro de mis objetivos -más allá del color o la concentración- busco, en primer lugar, equilibrio; después personalidad, y -entre ambos-, la elegancia.
Un vino es agradable para mí, cuando me invita a la segunda copa; no relaciono estos elementos solo con el color o la concentración. Por lo tanto, debe existir en todo momento, la personalidad y la elegancia.
Existe una fuerte tendencia a identificar a los vinos el nuevo mundo con fuertes extracciones de color o concentraciones a veces exageradas. No me declaro muy partidario de esto, y creo que la argentina debería dirigirse -por su potencial- a otro puerto, que es el de los vinos con personalidad propia.
- ¿Cuál es el cepaje que más lo seduce (nacional o extranjero)? Y el que menos?
Nacional, sin duda el Malbec. Desde el primer momento me enamore de las cepas viejas de la argentina a pie franco, es decir, aquellas plantas no injertadas que mantienen la originalidad en todos sus aspectos. Las considero verdaderos monumentos de la vitivinicultura mundial. Extranjero, el Pinot Noir de la Borgogna.
- ¿Cuál es el vino que más recuerda? Por qué?
El vino que mas recuerdo, por su calidad, es el Mouton Rothschild 1982. Probablemente sea uno de los 5 vinos mas importantes que se han producido en el siglo XX. Y el que mas recuerdo por la emoción que me produjo, fue el Leoville Puy-Ferré 1900, al pensar a cuantas generaciones pudo sobrevivir esta maravilla hasta permitirme experimentarlo.
- ¿Y el que más le enorgullece haber producido?
Esto es lo mismo que preguntarle a un padre a que hijo quiere mas. Me enorgullezco de muchas cosas que he hecho, pero tengo algunos preferidos: Brunello Di Montalcino Ciaci Piccolomini D’aragona 1990, Achaval Ferrer Finca Altamira... No podría decir alguna añada en particular, porque este viñedo encuentra un mejor equilibrio cada año, y esto me sorprende muchísimo.
- ¿Qué vino no tomaría jamás?
Un vino encorchado!... ja, ja! Después, si esta bien hecho y es honesto, respeto al vino como parte de una cultura que viene desde tiempos remotos y, en este sentido, cualquiera de sus expresiones es valida.
- Nos gustaría conocer su postura en cuanto al maridaje entre vinos y comidas, tan de moda en la actualidad.
En las culturas mediterráneas -y especialmente en la argentina, como heredera de aquella, por sus inmigrantes - vino y comida son una única cosa. Nadie se detiene a pensar mucho en estas cosas pues el vino es siempre parte de la mesa y, por ende, de la comida. Como en todas las materias relacionadas con el gusto, existen evidentemente comidas que se adaptan mejor a ciertos vinos que a otros. Ahora, a mi, en realidad, me gusta sentirme libre respecto de las reglas y experimentar por mi cuenta, y a veces beber vino sin comida!
- Un plato y un vino que Ud. Prefiera para "ese" momento especial?
Un Teroldego del Trentino con los gnocchis que hace mi madre!!
- Según su opinión, ¿cabe la posibilidad de seguir descubriendo nuevas zonas productivas en el país?
En argentina todo está por ser descubierto, soy un convencido de esto. Particularmente en Mendoza, todo esta plantado en los valles, y es sabido que en cualquier parte del mundo los grandes vinos salen de viñedos ubicados en las montañas. Las pendientes, los suelos calcáreos y viejos de la precordillera andina pueden ser los próximos sitios en donde la argentina deba buscar su mejor expresión. En mi proyecto argentino, Achaval - Ferrer, hemos entrado en un proceso de Investigación en este sentido.
- ¿Cree que el ritmo de crecimiento de la industria vitivinícola seguirá en aumento?
Todo dependerá de las condiciones de estabilidad económica y el mantenimiento de los mercados externos. Pero, particularmente, creo que el crecimiento seguirá en aumento.
- ¿Cuál es su mayor sueño?
Poder seguir siendo tan libre en la elaboración de vinos de terroir como hasta ahora! No me siento atado a ninguna regla y, en cierta medida, me considero un trasgresor de cualquier formula preestablecida. Mi mayor sueño es que esta libertad se vea reflejada en todos mis vinos!
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