¿Qué opinión le merece la situación actual de la vitivinicultura nacional?
Me parece una situación sumamente interesante, donde en los últimos 15 años nos hemos reenfocado en un camino cualitativo.
¿Cómo la ve en 10 años más?
En 10 años más veo la vitivinicultura nacional con vinos de mucha más alta calidad, creo que todos los cambios que se están haciendo hoy en los viñedos, en las bodegas y, fundamentalmente, en el aprendizaje de enólogos y agrónomos, van a mostrar la capacidad de Argentina de elaborar grandes vinos con enorme potencial de guarda.
¿Cuál es su opinión de la tendencia de los "vinos del nuevo mundo", con mayor color y concentración que los vinos del viejo mundo?
“Los vinos del nuevo mundo”... lo que se entiende de vinos del nuevo mundo con más color y concentración creo que han aportan un matiz distinto a los consumidores, pero no hay que confundir concentración y color con falta de elegancia. Argentina, si bien es parte del nuevo mundo desde la enología, también es parte del viejo mundo desde su tradición de consumo de vino.
Es claro que los consumidores aprecian la calidad y, parte importante de esa calidad es la elegancia, muchos vinos súper concentrados pueden mostrarse muy bien en una cata pero luego en la mesa, cuando el consumidor esta disfrutándolo, no se muestran de la misma manera ya que pueden carece de elegancia. Considero que esto es una falta grave desde el punto de vista de la calidad del vino.
¿Cuál es el cepaje que más lo seduce (nacional o extranjero)? Y el que menos?
No hay un cepaje que me seduzca o que me deje de seducir, me gusta realmente mucho trabajar con nuevos cepajes, descubrir el potencial del cepaje que no ha sido probado. En una época, trabajamos con variedades como bonarda o como tempranillo, que muestran un enorme potencial que no había sido descubierto. Realmente, creo que en cepajes nuevos hay mucho por descubrir y también en el potencial de los cepajes que hoy tenemos en el país.
¿Cuál es el vino que más recuerda? Por qué?
El vino que más recuerdo es el Tempranillo Zuccardi “Q“ en 1997, la razón es que fue el primer tempranillo de alta gama en Argentina y realmente fue un vino, el primero en la serie Zuccardi Q, con un enorme potencial que demostró que: una variedad de las más antiguas cultivadas en el país, introducidas en 1784, tenía un potencial que hasta ese momento no había sido descubierto.
¿Y el que más le enorgullece haber producido?
Zuccardi Zeta “Z” que es un corte de Malbec y Tempranillo, algo que es único de Argentina.
¿Qué vino no tomaría jamás?
Un mal vino, un vino de mala calidad, un vino que no está producido naturalmente.
Nos gustaría conocer su postura en cuanto al maridaje entre vinos y comidas, tan de moda en la actualidad.
Creo que el maridaje entre vinos y comida es un tema muy interesante y es algo que los argentinos estamos descubriendo. Hace algunos años los consumidores argentinos ponían en la mesa un solo vino o, a lo sumo, un blanco y un tinto. Hoy estamos empezando a través de los menú degustación a combinar distintos platos con los vinos, también estamos elaborando unos para distintas situaciones. Hoy tenemos vinos fortificados como el Malamado para la sobremesa, o vinos dulces como Tardío para el postre, o una gama muy amplia de vinos que pueden acompañar platos diferentes.
¿Un plato y un vino que Ud. prefiera para ’ese’ momento especial?
No hay un vino, en cada momento especial están las personas, los estados de ánimo y el vino.
Según su opinión, ¿cabe la posibilidad de seguir descubriendo nuevas zonas productivas en el país?
Como en tantos aspectos, Argentina está en los comienzos, por lo tanto hay posibilidades de descubrir nuevas zonas.
¿Cuál es su mayor sueño?
Considero que la industria está y seguirá creciendo año tras año en tanto seamos capaces de llevar adelante un programa inteligente para comunicar el vino a los consumidores locales, y desarrollar la imagen de vino argentino en el mundo.
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